Importancia a nivel de salud mental perinatal tener unos espacios de parto adecuados en ámbito hospitalario.
Se acercan las vacaciones, y son pocos los que no se lanzan a navegar por internet en la búsqueda compulsiva de fotos de destinos veraniegos que nos permita hacernos una idea de cómo será el espacio en el que nos alojaremos durante nuestras esperadas vacaciones. Nos planteamos si el espacio nos transmite calma, si la luz es cálida, si nos sentiremos bien en ese lugar…
El espacio también nos guía a la hora de elegir restaurante: la decoración, el ambiente, el trato…la comida tiene que ser buena, por supuesto; pero buscamos más que solo eso.
Para dirigirse a un parto, una mujer tiene que sentirse segura sabiendo que a nivel médico tanto sus necesidades como las de su hijo quedarán cubiertas. Pero eso no está reñido con que el espacio en el que se va a transitar uno de los momentos más relevantes de su vida sea un lugar en el que se pueda sentir acogida, cómoda, protegida y cuidada.
De hecho, la trascendencia de que la madre se pueda sentir tranquila y segura va más allá del puro disfrute del momento. Es de sobra sabido que para que el parto se ponga en marcha es necesario que se inicie una cascada de cambios hormonales y físicos, en los que la oxitocina dael pistoletazo de salida. Gracias a la oxitocina las contracciones comienzan a sucederse de manera natural y efectiva. Una vez nacido el bebé estimula la eyección de la leche, y favorece que madre y bebé se enamoren, estableciendo así el vínculo madre-hijo tan necesario para el adecuado neurodesarrollo del neonato. También es la encargada de que la placenta se pueda expulsar adecuadamente, evitando de esta manera posibles hemorragias o infecciones posteriores, y de que el útero se contraiga y recupere su tamaño habitual.
Así de esencial es la oxitocina para el proceso de dar vida. Sin embargo, para que esta hormona se pueda segregar, es necesario un estado de relajación, tranquilidad y seguridad. Es decir, las situaciones de estrés y las hormonas segregadas en este estado (adrenalina y cortisol) inhiben la oxitocina e interrumpen por lo tanto el proceso natural de alumbramiento, con los riesgos que ello puede implicar.
El mismo proceso inhibitorio ocurre con las endorfinas, hormonas que durante el parto minimizan la percepción de dolor y colaboran, junto con la oxitocina, a provocar la sensación de euforia y enamoramiento una vez ha nacido el bebé.
Una vez dicho esto, cobra relevancia el objetivo de que una mujer pueda encontrarse durante el parto en un lugar que le genere bienestar y en el que se sienta tranquila, acogida y protegida.
Fueron dos mujeres arquitectos, Ángela Müller y Marta Parra, las que a raíz de sus propias maternidades impulsaron el proyecto en el año 2007 de transformar los espacios hospitalarios españoles para que ese momento tan único en la vida de las/algunas mujeres, y en ocasiones tan delicioso, se viese acompañado arquitectónicamente por lugares adecuados a las circunstancias.
Como ellas mismas explicaban, no es cuestión de grandes inversiones económicas, sino de concepto. De entender que el espacio en el que uno transita las etapas de la vida es importante. La arquitectura y el diseño mueven gran parte de nuestro día a día (en el hogar, en nuestras ciudades, en parques, en hoteles, restaurantes,…) pero no en los paritorios.
Cambios tan simples como los siguientes pueden generar un espacio de tranquilidad que favorezca la cascada neurobioquímica y hormonal necesaria para el desarrollo idóneo del partoy del vínculo madre-hijo.
• Iluminación: dar calidez a la luz que acompaña a la habitación o tener opción de regular la intensidad de la misma para permitir el descanso de la parturienta, sin renunciar al circuito de iluminación de quirófano si fuese necesario ante alguna complicación durante el expulsivo.
• Insonorización: un buen aislamiento acústico que permita conectar con el momento desde la intimidad, sin preocupaciones por los ruidos que se puedan emitir durante el parto.
• Temperatura ambiente regulable, en función de las necesidades de la mujer. Evitar especialmente el frío, que activa las hormonas adrenérgicas y sería perjudicial para el neonato.
• Una música agradable.
• Tener libertad de movimientos durante la dilatación y el expulsivo, permitiendo un espacio diáfano en la habitación al reubicar la cama en el perímetro de la misma y favoreciendo que la madre encuentre la posición más adecuada para ella a la hora de parir.
• Un cuarto de baño individual que cuente con una bañera en la que poder sumergirse en agua caliente durante la fase de dilatación.
• Ocultar en la medida de lo posible los elementos quirúrgicos de modo que parezca lo menos posible una habitación de hospital.
• Pequeño material y mobiliario: mecedora, pelota, cojines y cuerda para alivio del dolor pélvico.
• Facilitar que la mujer utilice algunos de sus objetos personales, siempre que no interfieran con procedimientos clínicos necesarios: ropa con la que se sienta más cómoda, alguna almohada,..
• Bandeja con agua o zumos, aunque una vez avanzado el parto la mujer suele prescindir de ellos.
• Un espacio físico único en el que tanto el proceso de dilatación como el expulsivo se puedan llevar a cabo. Esto evita la incomodidad de los traslados, que en ocasiones pueden ascender hasta una decena, la mayoría de ellos en silla de ruedas antes de dar a luz. Y aquí surge una pregunta ¿por qué utilizar una silla de ruedas cuando no hay impedimentos físico? ¿Por qué la mujer no va a poder entrar caminando, empoderada, destino a uno de los momentos más importantes de su vida y de su hijo?
• Una vez iniciado el expulsivo, un espejo que le permita ver la cabecita y constatar los logros de su esfuerzo.
• La importancia del acompañamiento humano en esas circunstancias. Una mirada, una mano, una frase de aliento puede cambiar el curso y la percepción de ese momento.
• Ya nacido el bebé, dejarle solo con su madre, sin interferencias ni luces potentes y en silencio. Durante esta fase se sucede el intercambio de miradas, contacto y olores entre madre y bebé, tan importante para el establecimiento del vínculo materno-filial.
• Permitir que el pediatra realice el test de Apgar y las exploraciones pertinentes en presencia de la madre, de tal forma que el contacto piel con piel u ocular no se pierda en ningún momento.
• Facilitar el alojamiento conjunto e ininterrumpido (“Rooming-in”) durante la hospitalización de los primeros días de vida del neonato, con una cunita a modo sidecar junto a la cama de la madre.
En definitiva, hacer del paritorio un nido en el que la madre se sienta segura es una tarea importante y no tan compleja.
Dra. Lucía Torres Jiménez – Psiquiatra y Directora Médica en Tranquilamente.
