Esther Perel, terapeuta de pareja con una larga trayectoria y autora de múltiples libros sobre relaciones, propone entender la infidelidad no solo como una crisis, sino también como una oportunidad. Una oportunidad difícil, sí, pero que puede abrir espacio a la reflexión, a la honestidad y, en algunos casos, a la reconstrucción.
Quienes trabajamos con parejas sabemos que este tema es, probablemente, uno de los más dolorosos y también uno de los más habituales en consulta. Cada historia es diferente, y por eso cada proceso requiere una enorme delicadeza. Más que hablar de “la infidelidad” como algo general, se trata de entender qué ha significado para esa pareja concreta, cómo se vivió y qué sentido tiene ahora.
Uno de los aspectos más importantes es acompañar el tránsito desde la vergüenza y la culpa hacia la asunción de la responsabilidad. La persona que fue infiel necesita poder mirar lo que hizo con honestidad, sin esconderse, y sostener la conciencia del daño causado. Estar disponible para el otro, sin prisas, respetando los tiempos del dolor, es una parte esencial del proceso.
Al mismo tiempo, quien ha sido traicionado también necesita espacio para expresar su dolor, su confusión y sus preguntas. Como dice Perel, no todas las preguntas son iguales: hay preguntas que buscan entender, y otras que, desde el impulso de controlar o castigar, solo profundizan el sufrimiento. La tarea terapéutica consiste en ayudar a transformar la curiosidad dolorosa en una búsqueda de comprensión genuina, que permita integrar lo ocurrido en una nueva narrativa compartida.
La infidelidad nos confronta con muchas cosas: con el deseo, con la libertad, con la necesidad de sentirse visto o vivo. A veces no se trata de falta de amor hacia la pareja, sino de una desconexión con uno mismo. Y en ese sentido, la crisis puede transformarse en una oportunidad para crecer, para mirarse con más honestidad, y para redefinir qué tipo de vínculo queremos construir a partir de ahora.
Acompañar a una pareja en este proceso no es sencillo, pero sí profundamente humano. Porque más allá de la traición, lo que está en juego es la posibilidad de volver a encontrarse -con el otro y con uno mismo- desde un lugar más consciente y más real.
