La edad media a la que se alcanza la menopausia no ha cambiado en los últimos años, yviene a ser los 52 años. Sin embargo, ha habido un cambio demográfico importante, puesto que la esperanza de vida ha aumentado muchísimo en las mujeres en los últimos siglos, estando a día de hoy alrededor de los 83 años. Por lo tanto, las mujeres disfrutaremos muchos años pasada nuestra edad reproductiva, años que pueden ser de gran productividad y autorrealización para muchas mujeres, especialmente para aquellas que hicieron el parón profesional debido a sus maternidades. Por ello, es muy importante que se traten adecuadamente los síntomas relacionados con la menopausia, tanto a nivel médico como a nivel psicológico.
Los niveles de estrógenos oscilan de forma regular durante la etapa reproductiva de la mujer. Durante los años previos a la última menstruación, la llamada perimenopausia, esas oscilaciones son mucho más irregulares, y dejan de existir en la posmenopausia(fase en la que los estrógenos disminuyen drásticamente).
En la medida en la que las oscilaciones de estrógenos dejan de ser predecibles, el cerebro da la orden de generar hormonas FSH y LH en la hipófisis para restablecer el nivel de estrógenos previo.
Estas irregularidades en las oscilaciones hormonales se han asociado en distintos estudios a las depresiones que sufre la mujer en esta fase de la vida.
La perimenopausia se caracteriza precisamente por el inicio de estas oscilaciones en los niveles hormonales de la mujer y se puede iniciar hasta 10 años antes de entrar en la menopausia, entendida la menopausia como el momento en el que han transcurrido 12 meses desde la última menstruación.
¿Cómo puede una mujer saber si está entrando en la perimenopausia?
En algunos países se controla el nivel de FSH a los tres días de iniciada la menstruación durante dos períodos seguidos. Si el nivel de FSH está aumentado es sugerente de que la mujer ya ha empezado su perimenopausia. Sin embargo, un valor normalizado de FSH no descarta que ya se encuentre en este período, pues podría haber ocurrido que en ese período precisamente la mujer haya ovulado, aunque esto ya no ocurra mensualmente sino de forma ocasional.
Durante las últimas décadas ha habido un creciente interés por comprender qué relación hay entre los cambios hormonales que acontecen en la perimenopausia y la depresión.
Entre los estudios de investigación más relevantes, se encuentra el estudio SWAN, en el que se encontró una relación entre las oscilaciones en los niveles de FSH y los cambios en el estado de ánimo; igualmente se pudo comprobar que en la medida en la que los niveles de FSH volvían a disminuir con terapia hormonal, el ánimo mejoraba.
En el estudio de Penn se encontró que a mayor variabilidad en los niveles de FSH, mayor probabilidad de depresión.
Los cuadros depresivos generales vienen caracterizados por síntomas emocionales (tristeza, irritabilidad, sentimientos de minusvalía,…) y síntomas neurovegetativos (alteraciones en el sueño, cambios de peso, líbido baja, baja energía, dificultades de concentración,…).
Los síntomas de la menopausia coinciden con los neurovegetativos de la depresión, y además habría que añadir los síntomas vasomotores (sofocos, sudoración y sequedad epitelial, y por lo tanto vaginal). Ante una depresión en una mujer entre los 45 y los 60 años, los profesionales no sabremos si su depresión tiene que ver con la menopausia o no a menos que preguntemos explícitamente por los síntomas vasomotores. Esto es muy importante, porque un buen diagnóstico es fundamental para un adecuado tratamiento.
Existen varias teorías que explican la depresión perimenopáusica:
• Teoría neurobiológica: sostiene que las hormonas son sustratos psicoactivos en el cerebro y que pueden ser las responsables de los cambios afectivos en la perimenopausia.
• Teoría del efecto dominó: relaciona las alteraciones en el sueño, peso y líbido, así como los síntomas vasomotores (sofocos, sudores y sequedad epitelial) con el aumento de riesgo en la aparición de síntomas depresivos.
• Teoría psicosocial: considera que los factores ambientales (dificultades en esta etapa de la vida como los relacionados con hijos adolescentes o que vuelan del nido, dificultades en la relación de pareja, enfermedades de los progenitores a los que cuidar o tener que lidiar con los primeros achaques en la propia salud) contribuyen a la depresión perimenopáusica.
¿Qué tratamiento elegimos ante una depresión perimenopáusica?
Aquí también tenemos tres opciones que se complementan.
La primera sería la psicoterapia, un espacio en el que la mujer pueda poner en palabras sus angustias y miedos internos con el objetivo de encontrar caminos que le lleven aconocerse mejor y a encontrarse mejor consigo misma.
En cuanto a la opción farmacológica, contaríamos con los antidepresivos y quizás con la terapia de sustitución hormonal.
Los fármacos de elección para la depresión perimenopáusica son los antidepresivos.
La paroxetina es el único aceptado por la FDA (Food and Drug Administration, agencia estadounidense para el control de medicamentos) para tratar la depresión perimenopáusica, aunque otros antidepresivos como el escitalopram, citalopram, venlafaxina o desvanlafaxina han sido usados exitosamente para esta clínica. Finalmente haremos la elección de uno específico en función de los diferentes síntomas asociados. Si hay insomnio, ansiedad o síntomas vasomotores, la paroxetina suele ser una buena opción. Si hay una preocupación por el aumento de peso, quizás el escitalopram sería mejor candidato.
La terapia hormonal (con estrógenos o progesterona) disminuye los síntomas vasomotores (está aprobada para los sofocos y síntomas de atrofia vulvovaginal) y previene la depresión en mujeres perimenopáusicas expuestas a estresores vitales. Sin embargo, siempre hay que realizar un balance de riesgos-beneficios. Es sabido que las terapias hormonales aumentan el riesgo de cáncer de mama, de endometrio y de accidentes vasculares en mujeres mayores de 60 años. Por ello el uso de estrógeno y progesterona se hará en dosis bajas, por corta duración, en mujeres por debajo de los 60 años y cuya menopausia haya acontecido recientemente (no más de 10 años) y bajo una estrecha supervisión médica.
Por lo tanto, y como resumen, si eres mujer, te encuentras en la franja de edad entre los 45-60 años y te sientes deprimida, pregúntate si recientemente ha habido cambios en tu ciclo menstrual, presentas síntomas vasomotores o cambios en la líbido o en los orgasmos. Si es así, podrías estar padeciendo una depresión perimenopáusica, para la que hay varias opciones terapéuticas que te pueden ayudar a recuperar tu estabilidad.
