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La rivalidad entre hermanos es un proceso natural. Las relaciones fraternales proporcionan un escenario en el que el niño comienza a ensayar cómo se va a desenvolver en el mundo y qué lugar va a ocupar en el mismo.

Las rivalidades de los hermanos adolescentes comenzaron a gestarse en la infancia, y de cómo se haya desarrollado y elaborado ese proceso (o negado, juzgado o reprimido) dependerá el tipo de relación que el adolescente mantenga no solo con su hermano, sino incluso con muchos de sus iguales.

El primogénito sentirá celos y hostilidad hacia el bebé recién llegado, aunque en ocasiones no lo manifieste. Son sentimientos normales que el niño podrá integrar si en su entorno se le da a entender que son sentimientos permitidos.  Es posible que el hijo mayor se plantee por qué sus papás han querido traer a otro hijo “¿es que yo no les era suficiente como hijo?” o que aparezca el temor a que el nuevo miembro de la familia llegue a ocupar un lugar más relevante que el suyo. Estos sentimientos coexisten con la expectación, la curiosidad, el afecto y el cariño hacia el nuevo hermanito, y esta mezcla de sentimientos es lo que convierte la relación entre hermanos en un espacio privilegiado para crecer y madurar como persona.

¿Y cómo consiguen los padres transmitir el mensaje de que los celos son sentimientos permitidos? Ante preguntas tan frecuentes de los niños como “¿podemos devolver a la hermanita al hospital?” respuestas tan reales como “no la podemos devolver porque la queremos tanto como a ti, y yo a ti nunca te dejaría en manos de nadie” en lugar de “cómo puedes decir eso” o “eso no se puede ni pensar” son formas de darles a entender que se puede hablar del proceso interno que están librando y que son tan queridos como sus iguales.

Nunca faltan razones para observar celosamente las relaciones de los padres con los hermanos, no importa el lugar que se ocupe en la fratria. En el caso de los primogénitos está el temor a que los progenitores quieran más al pequeño porque es el que más protección necesita. Y el pequeño teme que los padres quieran más al mayor porque es el que demuestra más destreza en todo.

Cuando el niño entre en la adolescencia y se vuelva a encontrar en un escenario de cambio e incertidumbre con respecto a su lugar en la sociedad, los celos e inseguridades pueden repuntar de nuevo hacia sus iguales. Sin embargo, si el adolescente es capaz de entender que son emociones lícitas y que se pueden elaborar sin actuar dañinamente, logrará resolver la adolescencia con la seguridad de que no necesita serlo “todo” (ni lo es) para tener un lugar único en el mundo.