Las diversas formas de sufrimiento psíquico pueden entenderse como colapsos del espacio mental.
En condiciones ideales de salud mental existe un recoveco fascinante que nos brinda la posibilidad de dirigir nuestra propia vida: allí habita el Yo, como diferenciado del Mundo que nos rodea, aislado por una fina capa de los impulsos automáticos de nuestras vísceras. Así se separa el Sujeto del Objeto, y se abre un espacio de posibilidades que nos permite dirigir nuestra vida con un cierto margen de libertad. Las decisiones que tomamos no se sienten como absolutamente necesarias o inevitables, sino que son escogidas voluntariamente en un campo más o menos amplio de potenciales opciones.
Según este planteamiento, podríamos decir que el aparato psíquico enferma cuando ese espacio potencial, donde distintos futuros son accesibles, colapsa. Sentimos entonces que nuestra vida queda reducida a los designios de algo que nos invade, algo no subjetivo, algo del mundo de los objetos: patrones repetitivos, automatismos, unos síntomas ciegos… una etiqueta diagnóstica. Uno cree haber perdido el control de su vida mental y decide acudir a un profesional preparado para ayudarle. Tengo la firme convicción de que cuando una mente sufriente llega a la consulta del terapeuta, viene necesitando un medicamento poderosísimo: la sorpresa.
Ya en la década de 1970, Paul Ekman incluyó la sorpresa entre las seis emociones básicas, junto con la ira, el asco, el miedo, la alegría y la tristeza. Sorprenderse implica, intrínsecamente, volver a abrir el espacio de posibilidades. Por eso en los momentos de colapso del espacio mental resulta vital la sorpresa. Se trata, a mi juicio, del camino de vuelta a casa… el retorno de una subjetividad capaz de elegir.
La persona que acude a terapia puede que llegue inmersa en esa sensación de estar atrapada en patrones de conducta de los que no logra escapar… Como terapeutas debemos estar preparados, en primer lugar, para sorprendernos; y, en segundo lugar, para sorprender. Mediante dinámicas de juego, experiencias estéticas impactantes… o simplemente manteniendo un tono vital y genuino en las sesiones, podemos ir abriendo poco a poco ese espacio que quedó parcialmente cerrado por alguna buena razón.


