La eterna pregunta que nos hacemos como padres parece que tiene cabida a lo largo del tiempo. Las distintas generaciones X, millennials, Z y ahora, los padres de los niños alpha siguen dudando a pesar de los cambios educativos y sociales.
El proceso de enseñanza -aprendizaje incide en un aprendizaje constructivo donde el conocimiento no es una copia de la realidad sino una construcción que elaboramos con los esquemas que ya poseemos.
Los niños y adolescentes de hoy en día se educan en un mundo complejo y cambiante, ya proponía Jean Piaget con su Teoría del Aprendizaje que el aprendizaje se construye a través de la propia experiencia, pero realmente, ¿hace falta practicar en verano aprendizajes para que el conocimiento se asiente como los cimientos de un edificio?, ¿olvidan en vacaciones sino practican lo aprendido?.
Si preguntamos a los profesores tendremos también distintas opiniones. Puede parecer que en septiembre no recuerdan nada del curso anterior, pero eso no es así, lo instrumental, independientemente de la etapa y edad en la que están, no se olvida tan fácilmente. Los niños han creado sus esquemas de conocimiento y la red neuronal establece conexiones en cuanto conectan sus aprendizajes. Los padres y docentes pueden valorar ese argumento con los resultados de las evaluaciones iniciales que casi todos los centros escolares realizan en septiembre.
Hablando de aprender, habría que hacer referencia a la a la actual Ley de Educación (LOMLOE) y a su DUA (diseño universal de aprendizaje). Este modelo de enseñanza proporciona diversas opciones didácticas para que los alumnos se transformen en personas que aprendan a aprender, estén motivados por su aprendizaje y por tanto, que estén preparados para continuar aprendiendo a lo largo de su vida. (Cast, 2011, p. 3)
¿Y qué dice la neurociencia de todo esto? El cerebro para aprender requiere emocionarse, motivarse, darle al cuerpo movimiento e incluso realizar actividades en la naturaleza, así como también, ¡trabajar mucho la creatividad!.
¿De verdad nos planteamos que la pregunta acerca de las tareas estivales tiene una respuesta que se concreta en afirmación o negación obviando todo lo anterior?
La solución, como en la mayoría de las situaciones cotidianas no es única, depende de quién lo pregunte y para el niño en concreto que lo proyectamos. Por ejemplo, ¿debe reforzar el adolescente cuando no ha trabajado lo que ha debido?, ¿lo debe hacer el niño que tiene algún trastorno de aprendizaje? o ¿el que promociona de curso con algunas lagunas o aprendizajes “sujetos con alfileres”? En estos casos, lo mejor es seguir las recomendaciones realizadas por sus maestros o profesores para asegurarse la consolidación de esos aprendizajes.
Pero en líneas generales, lo que a todos nos debe quedar claro es que los niños, al igual que los adultos, deben aprender a desconectar en verano para conectar con otras actividades de las que también se aprende.
Los colegiales, están cada vez más saturados. La Asociación Española de Pediatría afirma que la pandemia ha provocado un aumento de hasta un 47% en los trastornos de salud mental en los menores, y esto se ha hecho palpable en las aulas.
Por lo que vamos a poner el énfasis, como dice Álvaro Bilbao, en cuidar el cerebro y mejorar la vida de nuestros pequeños proyectos de futuro con algunas recomendaciones nada especiales y que son de sentido común:
- Intente desconectarles de la tecnología todo lo que pueda. Así evitaremos secuestrar su atención.
- Priorice el tiempo al aire libre. Mantenerse activos físicamente es clave para poder concentrarse mentalmente.
- Incorpore rutinas de nutrición que no se pueden realizar durante el curso escolar. Pase más tiempo en la mesa con ellos, dejando que sea un momento para disfrutar y conversar. No hay ninguna duda de que comer en familia favorece la socialización y el fortalecimiento de los lazos familiares.
- Lea con ellos, converse, cuéntele cuentos. Leer y escribir le traslada a otros países o realidades, le expone nuevas ideas y potencia su imaginación. Invítele a leer por gusto sobre aquello que le entusiasme.
- Despierte su curiosidad, sorpréndales, haga planes distintos, deje que observen. La capacidad de asombro es una fuente de nuevos aprendizajes.
- Cultive sus emociones. Hágales sonreír, deje que disfruten de los pequeños placeres de la vida, que contemplen la inmensidad del mar, una puesta de sol, un paseo tranquilo…
- Potencie su socialización. Socializar estimula todas las áreas de la corteza cerebral. Incida en recuperar todos esos momentos que han podido perder por la pandemia.
- Aproveche las situaciones cotidianas para afianzar y mejorar sus habilidades matemáticas. Dejen que les acompañen a comprar o que sean ellos mismos los que lo hagan.
Lo que sí se debe tener en cuenta, haya deberes de verano o no, es que los niños deben aprender a gestionar su tiempo libre y a aburrirse. Es fundamental educarles en ello para que cultiven la paciencia. Es contraproducente que las tareas se conviertan en un medio para ocupar un tiempo sin producir ni generar aprendizajes útiles.
María Dolores Mora Olmedo
Maestra, orientadora escolar, psicóloga educativa
