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Desde el hospital de día vemos a menudo cómo el desconocimiento y el silencio pueden ser el causante del daño posterior. Por eso, hablar con nuestros hijos sobre los riesgos reales de las drogas de sumisión química es importante, pero es primordial hacerlo desde el vínculo y sin generar alarma.

Empezar por el vínculo, no por la advertencia. Antes que la información, lo que más protege a un adolescente es sentir que puede hablar con sus figuras de referencia sin miedo a ser juzgado o castigado. Si tu hijo sabe que puede contar a sus padres lo que le preocupa, aunque sepa que no les gusta, ya tiene una herramienta de prevención más potente que cualquier charla.

No se debe ver solo como una conversación, se trata de un proceso. Muchos padres nos preguntan “¿Cuándo es buen momento para hablar de esto?”. La respuesta es: no hay un único momento. Se trata de abrir un espacio, que permita ir hablando poco a poco, sin dramatismos, y adaptando el mensaje a la edad. 

Hablar de consentimiento y de autocuidado emocional, dado que la sumisión química no es solo una cuestión de sustancias, es un ataque al consentimiento y a la integridad psicológica. Por eso es importante que, además de saber qué precauciones tomar, comprendan que su cuerpo y su voluntad son inviolables, que cualquier situación en la que se sientan forzados, presionados o confundidos no tienen que aceptarla como parte de la fiesta.

Es importante no minimizar, pero tampoco sobredimensionar. Transmitir la realidad sin caer en el catastrofismo ayuda a que escuchen. Frases como “esto pasa más de lo que pensamos, y es importante que sepas qué hacer” son mucho más útiles que “no vayas a fiestas” o “todo el mundo es peligroso”. El miedo sin herramientas bloquea, y hace que los adolescentes muchas veces dejen de escuchar.

Por supuesto, si algo pasa, lo importante es que puedan contarlo. Una y otra vez vemos lo mismo: ocultar lo ocurrido por la culpa o la vergüenza. Hay que dejar claro que pueden acudir a nosotros incluso si han cometido errores, incluso si han bebido, incluso si creen que hicieron algo mal. Porque lo que les protege no es haber hecho todo perfecto, sino saber que no están solos si algo se tuerce.

Hablar de drogas de sumisión química no es perder la inocencia, es proteger su integridad. Y eso también es cuidarlos.

Patricia Alonso – Psicóloga General Sanitaria y Neuropsicóloga en Tranquilamente