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Lourdes García - Psiquiatra

Vacaciones en familia: peleas entre hermanos

El verano, con sus largas horas de luz y las vacaciones, favorece los momentos de conexión entre la familia. Aunque muchas veces nos gustaría que en estos momentos surgiesen únicamente emociones de alegría y tranquilidad, es normal y frecuente que surjan otro tipo de emociones, como celos o enfados que pueden dar lugar a peleas especialmente entre los más pequeños de la casa.

Desde la perspectiva del desarrollo es importante recordar el momento madurativo en el que se encuentra el niño, ya que evolutivamente puede que la capacidad de identificar sus propias emociones y necesidades y regularse emocionalmente sean hitos todavía no adquiridos. Lo que a los adultos nos puede parecer una provocación deliberada o una falta de respeto, muchas veces es simplemente una expresión inmadura de emociones que los niños aún no saben nombrar ni manejar.

Las peleas entre hermanos son un medio para definir la identidad individual y mejorar las habilidades sociales, siendo oportunidades para aprender habilidades emocionales clave. Pero los cambios en las rutinas, el calor y la convivencia más intensa pueden hacer que estas lleguen a ser demasiado intensas. ¿Cómo intervenir, entonces?

  1. Validar la emoción marcando los limites: Es bueno que expresen sus emociones, pero también es necesario marcar de manera amable y firme los límites que no se deben sobrepasar en dicha expresión. Por ejemplo: “entiendo que estás enfadada porque tu hermano no quiere compartir, pero pegar no está bien”  
  2. Evitar etiquetas y comparaciones. Frases como “que pesada eres” o “mira que bien lo hace tu hermana” alimentan dinámicas disfuncionales. En su lugar, podemos describir lo que ocurre y cómo nos hace sentir: “Cuando repites tanto lo mismo, me pongo nerviosa”
  3. Intentar que busquen sus propias soluciones. Aunque si la pelea escala puede ser necesario separarles y hacer un “tiempo fuera”, una vez estén calmados será importante revisar con ellos la situación y que busquen ellos mismos posibles soluciones: “los dos queríais el balón y no habéis podido jugar ninguno, ¿cómo podíais haberlo hecho? ¿qué se os ocurre ahora?”
  4. Valorar nuestro esfuerzo y recordar que lo hacemos lo mejor que podemos. Aunque el ideal sería mantener la calma en estas situaciones de conflicto entre ellos, así cómo tener tiempo individual con cada hijo y tiempo para nosotros solos, en ocasiones es difícil lograr esto en los largos días de verano. Hay que recordar que lo hacemos lo mejor que podemos y tanto los niños cómo nosotros aprendemos de los errores: no necesitan la perfección, sólo que les escuchemos y ayudemos a que se escuchen a si mismos.  

Los conflictos entre hermanos son una parte natural del aprendizaje emocional y social. Lo fundamental no es evitarlos a toda costa si no acompañarlos en la clarificación de sus emociones, estableciendo límites amables y claros. Porque educar no es impedir que se equivoquen, si no ayudarles a crecer a través de sus errores y a convivir con ellos.

Dra. Lourdes Garcia Murillo, Psiquiatra.